BENDICIÓN DE MASCOTAS FORTALECE LAZOS COMUNITARIOS EN CHOLULA

Fecha: 2026-01-19T00:00

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San Pedro Cholula | Como todos los años, el 17 de enero, las calles de Santa María Xixitla se llenan de ladridos, maullidos, graznidos, relinchos y mujidos.

La escena se repite en los alrededores de las iglesias de otros barrios de San Pedro Cholula, así como de la parroquia de San Pedro y del convento de San Gabriel, alrededor del zócalo de la ciudad

Es el día de San Antonio Abad, el santo protector de los animales domésticos, y como desde hace más de una década, la familia López se une a la multitud que acude a la iglesia de Santa María Xixitla para bendecir a sus fieles compañeros peludos y emplumados.

La familia López –compuesta por don Miguel, su esposa Rosa y sus dos hijos adolescentes: Ana y Carlos– ha convertido esta peregrinación anual en un ritual inquebrantable. "Empezamos cuando nuestros hijos eran pequeños y adoptamos a nuestro primer perro, Max", cuenta don Miguel mientras ajusta la correa de su labrador dorado que tira con entusiasmo hacia la enorme iglesia pintada de tonos de azul y rodeada de figuras angelicales.

Para ellos, no es solo una costumbre religiosa, es un momento para agradecer por la salud de sus mascotas y pedir protección contra enfermedades o accidentes. "San Antonio nos ha cuidado siempre", añade Rosa, cargando una jaula con su gato persa, Luna, quien observa el bullicio con ojos curiosos pero tranquilos.

El camino hacia la iglesia, un trayecto de apenas tres cuadras desde su casa, se transforma en una procesión colorida y caótica. Familias como los López llegan desde temprano, algunos a pie, otros en bicicletas o incluso en vehículos adaptados para transportar animales más grandes.

Este año, el gentío es notable: perros de todas las razas –desde chihuahuas miniatura hasta robustos pitbulls– dominan la escena. Los llevan con correas resistentes, arneses acolchados o en carriolas especiales para razas pequeñas. Max, el labrador de los López, camina obediente al lado de Carlos, quien lo controla con ordenes suaves y premios en el bolsillo: "¡Siéntate, Max! Buen chico".

Para evitar escapadas, muchos dueños usan bozales suaves o collares anti-tirones, especialmente con perros juguetones que se emocionan al oler a sus pares.

No faltan los gatos, como Luna, que viajan en transportadoras plásticas ventiladas o mochilas ergonómicas para mascotas. Rosa la lleva en una jaula con ruedas, facilitando el movimiento por las irregulares aceras cholultecas. "Luna es nerviosa con el ruido, así que la cubro con una manta ligera para que se sienta segura", explica.

Entre la multitud, se ven también aves: pericos, canarios y hasta loros amazónicos en jaulas portátiles colgadas del hombro o en carritos. La familia López trae a su perico verde, Pico, en una jaula de metal con perchero interno, donde el ave picotea semillas para distraerse.

"Lo controlamos tapando la jaula si se pone ansioso, y le hablamos bajito para calmarlo", dice Ana, quien se encarga de él. Menos comunes, pero igual de llamativos son los conejos, hámsteres y tortugas, transportados en cajas acolchadas o acuarios portátiles con asas. Un vecino lleva un conejo blanco en una canasta forrada de paja, sujetándolo con una correa ligera alrededor del cuerpo para que no salte. Incluso hay caballos, burros y hasta vacas que fueron llevadas en remolques.

El control general es un arte. “Lo importante es la paciencia", comenta don Miguel. "Si un animal se asusta, lo apartamos del grupo hasta que se calme".

Al llegar a la iglesia de Santa María Xixitla, la fila se extiende por el enorme atrio. El sacerdote ofrece unas palabras antes de caminar y rociar con abundante agua bendita a cada uno de los animales.

Para Max, Luna y Pico, el momento es breve pero emotivo: don Miguel sostiene al perro quieto con una mano en el collar, Rosa abre ligeramente la jaula del gato para que el agua lo alcance sin mojarlo en exceso, y Ana eleva la de Pico para que el rocío caiga sobre sus plumas. Ninguno se resiste; parecen intuir la solemnidad.

Al finalizar, la familia López regresa a casa con sus mascotas "bendecidas y protegidas". "Es un día de unión familiar y de recordarnos que los animales son parte de nosotros", reflexiona Rosa.

En Santa María Xixitla, esta tradición no solo honra a San Antonio, sino que fortalece el tejido comunitario de Cholula, donde el amor por las mascotas trasciende generaciones. Mañana, la vida volverá a su ritmo, pero el 17 de enero próximo, los López –y cientos más– regresarán, fieles a su cita con la fe y la lealtad animal.